Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
Se trata de un edificio de planta rectangular, construido en sillería en la parte inferior, donde se aloja el cárcavo, y en mampostería en los dos pisos superiores. En la primera planta se encuentra todavía parte de la maquinaria y la rueda de moler, mientras que en la segunda hay una máquina clasificadora de harina. El forjado de las entreplantas es de vigas de madera y revoltón de yeso. Cubre a dos aguas con teja árabe apoyada directamente sobre un mortero de yeso, sin un cañizo intermedio. Respecto a su arquitectura exterior, debe destacarse el gran tajamar que precede al molino. Está construido en sillería y mampostería, tiene una longitud próxima a los 8 metros y una altura de 3, y su función es proteger el edificio de las avenidas de agua. Con este fin presenta un frente redondeado que se va ensanchando hasta llegar al lateral del edificio, a la vez que traza una curva, cuyo fin es derivar hacia el cauce la fuerza del agua. A comienzos de 2009, durante el proceso de restauración del molino, se eliminaron los lodos que colmataban el cárcavo y quedó al descubierto el cubete de regolfo que había en su interior. Está constituido por tres piezas de piedra superpuestas (de 60 centímetros de altura la inferior y 40 cada una de las dos restantes), que al exterior componen un bloque cuadrangular de 140 centímetros de altura, 155 de anchura y 185 de longitud; al interior, un hueco cilíndrico de 105 centímetros de diámetro y 120 de altura; en esa misma estructura de piedra también se ha tallado el tramo final del saetín (28 centímetros de anchura y 130 de altura). El resto del recorrido del saetín que discurre bajo la planta de molienda está forrado por losas de piedra. Tiene una longitud de 5,25 metros y una altura homogénea de 130 centímetros; su anchura, sin embargo, es decreciente: de los 60 centímetros del comienzo hasta los 34 de la embocadura del tramo tallado en el cubete.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002